Daniel Vergara

Daniel Vergara, un periodista que pasó de la televisión a los cruceros

Es difícil de creer que algunas personas, por mera casualidad, enfocan su camino hacia lo que realmente les gusta hacer. Este es el caso de Daniel, un ex chico reality que, sin quererlo, vivió esta experiencia extrema, ganándose el cariño de la gente y cambiando su destino.

Luego de finalizar el programa de televisión, decide embarcarse en la aventura de formar parte de los cruceros, conociendo diferentes partes del mundo y dedicándose a su pasión que es la fotografía. Hoy, después de algunos años de trabajo, esfuerzo y lucha por destacarse dentro de sus pares en el barco, se ha convertido en el jefe de su área, cambiando su estilo de vida, acompañado por una mujer que, como él señala, aperró para formar algo juntos y ser felices.

Cuéntame sobre la experiencia de vivir un reality, ¿cómo llegaste a él?

Yo estaba en la U y un profesor me mandó a reportear un casting y, dentro del reporteo, era hacer el casting que consistía en una prueba de obstáculos en el parque O’Higgins, entonces ahí quedaron mis datos anotados. A la semana, me llamaron para la segunda etapa y mi profesor me dice: “anda a todas las etapas que tengas que ir hasta que te digan que no vas a quedar”. Estaba en segundo año de U y fui quedando, quedando, hasta que entré al reality, entonces me interesaba el tema, lo encontraba choro, era como estar jugando al soldado.

Aprendí un montón de cosas. Por una parte, tienes el guión del reality, de qué se trata, te enseñan desde cómo cortar con oxicorte hasta usar perros de rescate. Aprendí lo que era estar dentro de un producto de televisión, estar encerrado en una casona, con gente que viste en la TV todo el tiempo. Para mí fue una buena experiencia, aprendí un montón, me ofrecieron pitutos de pega que me dio plata cuando salí y dentro lo pasé bien, hice amigos, siento que fue bueno pasar por esa experiencia. Para mí fue un crecimiento grande.

¿Luego del reality terminaste tu carrera?

No fue inmediato, me ofrecieron irme a trabajar al barco y dije que sí y me tomé un año y después de eso, volví a terminar mi carrera de Periodista, me demoré un poco más que el resto de mis compañeros.

¿Cómo llegas a trabajar en los cruceros?

Cuando salí de Pelotón me ofrecieron un canje, pagaron todos los trámites y cursos que debía hacer a cambio de aparecer en un programa satélite del reality que se llamaba “Abre los ojos”. Congelé y partí el 2008 con mi primer contrato en barco.

¿Cómo es la vida en un crucero?

Es súper entretenido viajar y ganar plata viajando. La rutina del barco tiene montones de atractivos. De partida, no tienes cuentas que pagar. Todo lo que ganas lo puedes ahorrar y estás viajando por el mundo. También tiene un montón de cosas malas, como el hecho de que no puedes tener una relación con alguien porque te vas entre 4 a 6 meses, pero a mí me gusta quedarme más con lo positivo que con lo negativo.

¿A qué te dedicas dentro del barco?

Yo trabajo en el departamento de fotografía, que es producción de fotos y vídeos de los pasajeros desde que se suben hasta que se bajan, entonces tenemos que controlar hacer esas fotos. Yo comencé como fotógrafo y luego me promovieron a jefe. Hago esto 5 a 6 meses al año, llevo dos años haciendo esto. Para ser jefe hay que postular y pelearla. Hay que demostrar que uno se la puede. Se abrió una vacante y esperé como dos años. El cambio se nota: tengo una cabina más grande, más privilegios. Cuento con un rango de oficial más importante, es más fácil la vida en el barco. Te pagan mucho más, por supuesto ─te pagan como el triple─, pero tienes más responsabilidades.

Sabemos de tu gusto por las artes marciales, ¿existe tiempo en tu vida para practicarlas?

Llevo 16 años practicando varios sistemas de defensa personal con una filosofía marcial. Yo me puedo entrenar solo, pero claro, me falta el compañero con el que pueda entrenar. La parte de acondicionamiento físico lo puedo hacer en cualquier lado, tengo la experiencia suficiente para autoentrenarme.

¿Sientes que lo más difícil es dejar a tu familia?

No, no es difícil porque la familia no la he dejado, ellos están ahí. Mi hermano vive en Boston, mi hermana vive en Valdivia, mis papás en Santiago y tenemos Skype, hablamos, los veo y nunca me ha tocado estar fuera de Chile más de cuatro o cinco meses fuera. Entonces nos vemos, cuando podemos juntarnos, nos juntamos; nunca he tenido una rutina de estar forzado a estar fuera de Chile, entonces no siento que los haya dejado. Los extraño, pero yo me estoy armando mi propia vida, estoy con mi polola viajando, formando mis propias cosas.

¿Cómo encontraste una compañera de aventuras?

Una historia rarísima, la conocí gracias a los barcos porque yo estaba en Noruega, la conocí ahí. Decidimos hacer un plan de vida y ella súper aperrada decidió arriesgarse, ya que allá no encontraba la felicidad y comenzamos.

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

Yo me tengo que embarcar ahora en junio. En este minuto estoy en Roatán trabajando como instructor de buceo, en Honduras. Nos vamos a ir un par de meses a Chile, luego a Noruega y en junio, a Grecia. De ahí, no tenemos idea. Llevo dos años aproximadamente planificando a 4 o a 6 meses máximo un año, no tengo capacidad de más, porque en mi pega del barco no me informan dónde iremos.

¿Qué le dirías a jóvenes que piensan en arriesgarse a vivir aventuras, pero el miedo los frena?

Que no se guíen por el estereotipo viajero. Hay mucha gente que se va a dar la vuelta al mundo o vende todo y se va a recolectar fruta al sudeste asiático y está bien. Pero la aventura puede ser pedirle matrimonio a tu polola; la aventura puede ser tener un hijo o armar tu propia empresa. Para sentir miedo igual hay razones súper importantes como pensar “cómo pagar las cuentas”. Las aventuras van de la mano con intentarlo.  Hay cosas que te llegan por cue’a y hay cosas que cuestan trabajo, esfuerzo, miedo y decepción. No es todo bonito, pero yo les aconsejo que pongan en la balanza qué es lo que los hace felices, que vivan su vida, hagan lo que ustedes les gusta. Para todos los que lean: apaguen Facebook por dos noches, piensen en lo que les haga feliz y, en base a eso, armen su aventura.

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