Beatriz Villatoro

Beatriz Villatoro, un viaje desde la salud a la comida gourmet

Con un carisma muy especial, Beatriz Villatoro, una nutrióloga de profesión, titulada de la Universidad de Chile y con un currículo orientado en el servicio público, el crecimiento profesional y la ayuda hacia su entorno, tomó la difícil, pero valiente decisión de aventurarse con su familia hacia un negocio propio, alejado del mundo en donde por muchos años trabajó, se trata de un delicioso emprendimiento llamado “Moros Gourmet” que te invita a probar sabores de shawarmas en la comuna de La Cisterna y que ha tenido tanto éxito que ya planean expandirse.

¿De dónde nace el gusto por estudiar nutrición? 

En realidad, cuando uno elige estudiar alguna carrera anda media perdida, son muchas cosas las que te gustaría desarrollarte. En mi caso fue así, pero casualmente encontré la carrera de nutrición. Una carrera de un amplio desarrollo en varias áreas, no necesariamente la alimentaria y eso me motivó.

¿Pensaste siempre en enfocar tu carrera hacia el servicio público?

No. Fíjate que el gusto por el servicio público surge luego de la práctica profesional. Me vi obnubilada por el rol que tiene la salud primaria en la población, eso me encantó, cómo podías de verdad impactar en la población más vulnerable con buenas políticas de salud.

Desde ese momento nunca me cuestioné que haría otra cosa, pensé que jubilaría trabajando para el servicio público. No sólo trabajé en salud primaria, sino que también en la JUNJI, que fue una experiencia muy enriquecedora para mí. Luego tomé la decisión de arriesgarme en el área de gestión, porque pensaba que desde un puesto de mayor poder de decisión, se podían hacer transformaciones reales y así fui directora de dos CESFAM (Centros de Salud Familiar) en dos comunas con alto porcentaje de personas vulnerables. Con los equipos hicimos verdaderos cambios que impactaron a la población, sin embargo aún tenía la inquietud de algo más…

¿Qué te gustó de trabajar en el servicio público?

Del servicio público me encantaba el impacto que se podía llegar a tener con la política adecuada y con la ejecución correcta de dicha política. Además, el poder de verdad de mejorar las condiciones de vida de las personas más vulnerables, eso aún me motiva. El Estado es el único capaz de llegar hasta el rincón más apartado del país, a pesar de que no signifique rentabilidad económica (porque la empresa privada llegaría a la luna si eso significa alta rentabilidad). Velar por las condiciones de vida de los ciudadanos es rol del Estado y el único que puede ejercerlo es el Estado.

¿Qué fue lo que más te desagradó en tu paso por el servicio público?

Lo que me desagrado de éste fueron varias cosas. Uno, el burocratismo estructural (entendiendo que la burocracia es necesaria para darle un correcto orden a las cosas), pero en el servicio público se da un fenómeno que es que en vez de simplificar los procesos, los complejizan, con el único fin de resguardar sus espaldas, o de justificar su puesto y ese proceso no está orientado al ciudadano, en hacer el servicio público más cercano. Creo que se da un fenómeno de poder complejo. El Estado es monopólico en varias áreas (obviamente entendiendo que ese poder lo ejercen los funcionarios). Entonces te encuentras que los funcionarios públicos (─en su gran mayoría─, obviamente no podemos encerrar a todos en un mismo saco, pero es casi la norma), ejercen el pequeño poder en sus puestos haciendo que los servicios públicos sean ajenos. Y ese fenómeno se une con las burocracias sindicales, estructuras de poder que aparentemente sólo buscan reivindicaciones salariales, disfrazados de discursos altruistas (como por ejemplo, mejorar la atención de salud), sin embargo son capaces de parar los servicios por 15 días en perjuicio de la gente que realmente necesita la atención de salud, es decir, merman la solidaridad de la clase trabajadora porque la gente que perjudican es trabajadora también. Y para qué decir el poder político, eso se da mucho en las Municipalidades. El alcalde es una especie de señor feudal que usa como una chequera los puestos disponibles y donde no le importa la meritocracia, sino los “perros fieles”. Conozco algunas municipalidades que se han profesionalizado bastante y han avanzado en mejorar eso, pero aún sigue siendo una constante.

¿Cuándo surge la inquietud de cambiar de rubro?

La inquietud surge fuertemente por esta última contradicción que te planteaba. Quieres hacer bien las cosas, pero hay paredes burocráticas, sindicales y políticas con las que chocas. Entonces empiezas a sentirte frustrada y empiezas a perder las esperanzas en que se puede mejorar el servicio público. Entonces de verdad, piensas que es una batalla perdida o que los campos en donde te tocó pelear, no eran los apropiados y piensas… “¿Y si hago otra cosa?”… Y ahí empieza el miedo, el deseo de hacer algo en donde puedas manejar las variables que no puedes manejar en ese lugar, pero de inmediato surge la inquietud de la incertidumbre. ¿Me irá bien? ¿Tendré para pagar las cuentas a fin de mes?

¿Fue difícil la decisión?

La decisión fue compleja al inicio, pero se dio la coyuntura en mi último trabajo. Entonces la pregunta era: “¿Busco pega en otro servicio o nos lanzamos con el emprendimiento?” Y ahí mi marido fue un muy buen consejero… Me dijo: “si te cambias de pega, será más de lo mismo, no tendrás tranquilidad espiritual ni mental, económica sí, pero sin las anteriores ¡estamos fritos! Hagamos el emprendimiento, tiramos juntos la carreta y nos va a ir bien”. Y ahí tomamos la decisión… Nos lanzamos al agua y no fue tan malo, de verdad. Al inicio el tema económico fue complejo, haciendo gimnasia bancaria, pero la tranquilidad interior fue impagable.

¿Ha valido la pena?

¡Ha valido la pena todo el rato! Gracias a Moros Gourmet tengo una mejor vida familiar, puedo disfrutar de cosas que antes no podía. Y esto tiene mejores proyecciones que las que tenía laboralmente.

Hay muchos profesionales que tienen buenas ideas, pero pensar en emprender y cambiar de área los asusta, ¿qué les recomendarías?

A los que emprenden, les aconsejaría que sean soñadores,pero realistas, porque los recursos son limitados. Ojalá se empleen antes en lo que quieran emprender para así conocer bien el rubro (nosotros lo hicimos y trabajamos con iraquíes en fiestas costumbristas en Córdoba, Argentina (viajamos para allá a aprender el oficio) y luego tomé clases con la chef de la embajada de Irak y ─con mis conocimientos de nutrición─ pudimos mejorar los procesos y las recetas, llegando a desarrollar un producto altamente competitivo. Estamos ahora en etapa de expansión y crecimiento.  

El susto te sirve para tomar las cosas más en serio. Emprender no es un juego, cambiar de rubro tampoco y uno debe ser profesional siempre. Hacer el trabajo de manera seria y profesional, aunque sea de un rubro que nunca pensaste qué harías.

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