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José Miguel Peña Virgili: “Conocer la cultura y ser un emprendedor me mueve”

Siempre muy dedicado a lo suyo: la arquitectura, José Miguel Peña Virgili comenzó a canalizar sus aptitudes y cualidades con un más social, con la idea de cambiar la forma de vida de muchos. De esta forma, gracias al primero de varios de sus emprendimientos, nacieron nuevos ─y distintos─ deseos de realizarse profesionalmente en este ámbito emprendedor.

Hoy, siguiendo su instinto y bajo el alero de su empeño y acierto con sus empresas, puede destinar tiempo a compartir con su familia, algo que siempre soñó poder realizar. Además, trabaja para un plan residencial en la región del Biobío, que le permitirá ayudar a alrededor de 180 familias que esperan durante años cumplir el sueño de la casa propia.

Si pudieras responder quién es José Miguel Peña Virgili, ¿cómo te definirías?

Como un arquitecto de profesión, pero emprendedor innato. Antes que eso, soy pareja. Estoy feliz con mi matrimonio y con mis 3 maravillosos hijos: Javiera, Agustina y Matteo.

Por más de dos décadas, he compartido con Carola, mi amada esposa. Nos encontramos a eso de los 18 años y jamás dejamos de estar juntos. Conformamos un precioso hogar y aprendimos a desarrollar nuestra vida profesional juntos. Entre los dos llevamos INSATEC nuestra empresa que se desempeña en 3 áreas: Constructora, Consultora y Arriendo de maquinaria.

La ambición en conjunta que tenemos es poder estabilizar el ámbito laboral en la zona para poder gastar el tiempo restante en nuestro hogar, con nuestros pequeños. Consideramos que cuando la familia es unida, el desarrollo de quienes las conforma los beneficia mucho. Ese núcleo es una de las bases principales para ser exitoso en la vida. Ese es el motivo por el cual trato de “no ser esclavo del trabajo”. La mayoría de las personas están cegados por el dinero y el éxito, pero les cuesta mucho valorar el tiempo. Es muy complejo encontrar a personas que fomenten la libertad de vivir sus días haciendo lo que se les plazca. La sociedad hoy en día satura.  Los espacios familiares quedan en segundo plano. Por nuestra parte, contamos con la gran fortuna de organizar nuestro tiempo; llevar una vida saludable y ser felices la mayor parte de nuestros días. 

¿Qué hizo que eligieras a la arquitectura como tu profesión?

Desde pequeño tenía muchas ganas de conocer distintas ciudades y lo que las conforman: su cultura, sus costumbres, su gente y hasta sus edificios. La arquitectura reúne lo mejor de esos aspectos mencionados y por ese motivo, ¡qué mejor que poder estudiarla!

Si una edificación no cuenta con historia, costumbres relacionadas y personas involucradas, no tiene valor; es una simple cáscara que carece de sentido. El valor de todo proyecto arquitectónico, recae en lo que le agregan las personas. Es ahí donde vive el corazón de la arquitectura, en poder conocer e interpretar a las personas, sus sueños, su vida, sus deseos.

¿Cuál es el papel que piensas debería obedecer un arquitecto en lo social?

La persona que estudió arquitectura debe ser capaz de actuar como mediador sobre lo que necesita la sociedad. Debe ser quien entienda lo que quiere y lo que se necesita desde lo más profundo. Debe interpretar los deseos y las necesidades en su máxima amplitud. No obstante, es difícil de percibir gracias al mercantilismo. El deseo y de producir y avanzar ha hecho que se pierda la esencia de la arquitectura. No se integran la variable climática que tenemos en el norte, en el centro o en el sur del país, por ejemplo, ni mucho menos las costumbres ni la forma de vivir de las personas de cada zona del país. Cuando un arquitecto se fija en estas cosas y se piensa en conjunto con los beneficios del entorno y de su gente, todo cambia; todo funciona mejor.

Tuve la oportunidad de estudiar en Alemania y recorrer algunos países de Europa. El paisaje arquitectónico era muy armónico con el entorno, respondía a lo que su comunidad necesitaba. Me deleité como nunca en Berlín al poder caminar por la Cúpula de cristal transitable del Reichstag, en el Parlamento de Alemania. Cabe destacar que esa obra es una maestría de Sir Norman Foster, con enfoque  conceptual en la “transparencia”, un lugar en donde los ciudadanos pueden observar a los parlamentarios llevan a cabo sus sesiones sesionan, o si prefieren, pueden maravillarse con el recorrido y las vistas que les entregan estas hermosas obras arquitectónico, algo realmente fantástico.

Debemos aprender mucho de los países europeos al parecer. ¿Qué opinas tú que podríamos reforzar sobre nuestro patrimonio cultural y arquitectónico?

Podemos decir que nos falta consideración sobre que el patrimonio es historia. Es la base y el comienzo de toda nuestras generaciones, simplemente es la vida misma. Cuando tienes la oportunidad de recorrer países como España, Francia, Italia o Praga, en la República Checa, te das cuenta que visitas espacios públicos y edificaciones de cientos de años de trayectoria, cimientos que dieron forma a lo que hoy es actualmente cada nación y ese sentimiento te llena de emoción. Puedes comprender que la arquitectura vive, sin importar cuántos años pasen mientras la sociedad le dé el valor que se merecen. Si el entorno los cuida, les entrega valor, es más posible que duren mucho tiempo más. Si no se entiende el valor del pasado, lo más probable es que deje de existir en el presente y para qué decir en el futuro… Es un todo que funciona en armonía. Debe respetarse como un sistema vivo que merece constante cambio y por lo mismo, merece ser conservado y preservado. Eso es lo que nos falta a grande rasgos de los países europeos.

¿Qué opinas de la identidad y el desarrollo urbano que se ve hoy en día gracias a la cultura expansiva de las inmobiliarias en distintas ciudades del país? 

La venta de propiedades hoy en día es predilecta. Mientras más metros cuadrados vendes al mes, mejor, lo que se contradice con la calidad de vida que actualmente tienen las personas o con la real solución que debería entregarse como proyecto habitacional arquitectónico.

Con relación a lo anterior, lo ideal es poder entender lo que la sociedad necesita y no lo que el mercado inmobiliario impone. En consecuencia, en la actualidad no hay un aporte cultural, ni interés en preservar la identidad. Se ha generado un crecimiento expansivo, pero no da para considerarlo como desarrollo urbano. Tenemos claridad que “más no necesariamente es mejor”. Por este motivo, la arquitectura en este plano ya no es trascendental. Confío que en un futuro cercano esto mejorará. Las políticas de vivienda públicas y los planes reguladores de las comunas, podrán mutar y ser herramientas necesarias para el desarrollo pensado en las personas y sus necesidades reales. De todo corazón,  tengo la esperanza depositada en esto.

¿Crees que puedes seguir aportando con tu experiencia a la comunidad? ¿De qué forma?

Por supuesto que puedo. Mi ideal es poder desarrollar mi experiencia profesional como arquitecto a favor de la comunidad. Llevo años dirigiendo equipos profesionales ─por más de una década─ en distintos proyectos con beneficios comunitarios.

Lo antes mencionado y el constante esfuerzo por desarrollar un buen trabajo en terreno, ha hecho que las vías para implementar distintas soluciones con motivo de cumplir con las necesidades concretas que tienen las personas. Esa es la manera que pretendo seguir utilizando para llevar a cabo los proyectos que tengo en mente, entregando calidad e identidad en cualquiera sea que desarrolle. 

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